De la pregunta de investigación

Queriendo recuperar, revisar, actualizar, delimitar y todo lo que termine en “ar” retomo mi pregunta de investigación para poner a discusión sus elementos. Aunque fue planteada ya hace rato, todavía no es definitiva y me parece que como en toda investigación, si uno tiene claridad en la pregunta (y en el objeto que le subyace) entonces, lo demás será mucho más sencillo (de verdad, eso espero).

La pregunta es:

¿Cómo incide el grado de apertura de un ambiente de aprendizaje en el desarrollo de competencias?

Como puede observarse la pregunta aún es muy genérica y no incluye el término virtual intencional pero no definitivamente pues la apertura estaría relacionada, desde mi planteamiento, no sólo con entornos virtuales, sino también con entornos naturales y la interacción entre ambos… pero bueno, ya no divago más, estos son los términos de la pregunta:

“Incidir”

Es un verbo polisémico según puede observarse en el diccionario de la RAE:

  • Caer o incurrir en una falta, un error, un extremo, etc.
  • Sobrevenir, ocurrir.
  • repercutir (‖ causar efecto una cosa en otra).
  • Caer sobre algo o alguien.
  • insistir (‖ hacer hincapié en algo).
  • Cortar, romper, hendir.
  •  inscribir (‖ grabar).
  •  Separar, apartar.
  •  Hacer una incisión o cortadura.

“Apertura” (grado de)

Es un sustantivo que proviene del latín apertūra cuyo significado es abrir o destapar. Destaco a continuación algunas acepciones del término según la RAE:

  •  Acción de abrir.
  •  Acto de dar principio, o de volver a dárselo, a las tareas de una asamblea, a los estudios de una corporación, a los espectáculos de un teatro, etc.
  •  Actitud favorable a la innovación.
  •  Actitud de transigencia en lo ideológico, político, religioso, etc.
  •  Acto solemne de sacar de su pliego un testamento cerrado y darle publicidad y autenticidad.
  • Combinación de ciertas jugadas con que se inicia una partida de ajedrez.
  •  Diámetro de la lente en un instrumento óptico que limita la cantidad de luz que recibe.

Estas acepciones hacen referencia por un lado a mostrar, develar algo que estaba oculto o guardado, al acto de dar inicio o comenzar algo y la acción de abrir (describir, separar, destapar). Resulta interesante usar como analogía el concepto de apertura en fotografía, pues se puede pensar desde aquí que como instrumento que limita o regula la cantidad de luz que recibe, da idea de gradualidad. Para ampliar más la noción de apertura como sustantivo (relacionada directamente con el verbo abrir) conviene revisar el antónimo cerrar.

Cerrar, del latín serrare, de serāre tiene 36 acepciones. Presento sólo algunas:

  • Asegurar con cerradura, pasador, pestillo, tranca u otro instrumento, una puerta, ventana, tapa, etc., para impedir que se abra.
  • Encajar en su marco la hoja o las hojas de una puerta, balcón, ventana, etc., de manera que impidan el paso del aire o de la luz. Cerrar una ventana.
  • Hacer que el interior de un edificio, recinto, receptáculo, etc., quede incomunicado con el espacio exterior. Cerrar una habitación.
  • Juntar todas las hojas de un libro, cuaderno, etc., de manera que no se puedan ver las páginas interiores.
  • Estorbar o impedir el tránsito por un paso, camino u otra vía.
  • Cercar, vallar, rodear, acordonar.
  • Tapar, macizar u obstruir aberturas, huecos, conductos, etc.
  • Poner el émbolo de un grifo, espita, llave de paso, etc., de manera que impida la salida o circulación del fluido contenido en el recipiente o conducto en que se hallan colocados dichos instrumentos.
  • Concluir algo o ponerle término.

La mayoría de estas definiciones tienen una connotación negativa. Coinciden en que lo que se busca es impedir que algo se abra y no muestre lo que hay dentro, impedir o detener flujos, comunicación y/o tránsito. Tenemos entonces ya dos extremos en un continuo entre lo abierto y lo cerrado. Reconocer ambos conceptos resulta muy interesante y muy relevante pues detrás aparece la noción de ambiente y con ella la noción de sistema, conceptos que se definen entre sí.

“Ambiente”

La palabra ambiente procede del latín ambiens, ambientis, del verbo ambere, “rodear”, “estar a ambos lados”. 

La RAE presenta distintas acepciones:

1. adj. Dicho de un fluido: Que rodea un cuerpo.

2. m. Aire o atmósfera.

3. m. Condiciones o circunstancias físicas, sociales, económicas, etc., de un lugar, de una reunión, de una colectividad o de una época.

4. m. Grupo, estrato o sector social. Ambientes intelectuales, populares, aristocráticos.

5. m. Actitud de un grupo social o de un conjunto de personas respecto de alguien o algo. Juan tiene buen ambiente entre sus colegas. La propuesta encontró mal ambiente.

6. m. Pint. Efecto de la perspectiva aérea que presta corporeidad a lo pintado y finge las distancias.

7. m. Am. Habitación de una casa.

Por su parte  la versión en la Internet del Diccionario Panhispánico de dudas, señala que ambiente es el “conjunto de circunstancias o condiciones exteriores a un ser vivo que influyen en su desarrollo y en sus actividades”.

El ambiente natural hace referencia al ambiente físico donde transcurre la existencia del hombre (Moreno, 2000) reconociendo también la influencia que ejerce la acción del hombre en su ambiente natural transformándolo. Por otro lado, un ambiente artificial es el que se diseña para ampliar o diversificar los ambientes naturales.

El término ambiente se reconoce en la obra Aires, aguas y lugares de Hipócrates (460-375 años antes de Cristo) donde se resalta la importancia del ambiente como causa de enfermedad. En el siglo XVII la teoría miasmática ( de Sydenham y Lancisi) también refiere a características impuras de suelos y aguas que causan enfermedad. En el siglo XIX se consolida la importancia del ambiente en epidemiología (transmisión de enfermedades).

Generalmente se utiliza el binomio medio ambiente y aunque es referido también al campo ecológico y médico, incluye otras dimensiones (sociales, culturales…). Se trata de un conjunto de componentes físicos, químicos, biológicos y sociales capaces de, en un plazo corto o largo, causar efectos adversos directos o indirectos sobre los seres vivos y las actividades humanas.

Ambiente también es un término de referencia en la teoría general de sistemas, y en ese contexto es entendido como un complejo de factores externos que actúan sobre un sistema y determinan su curso y su forma de existencia. Un ambiente podría considerarse como un superconjunto en el cual el sistema dado es un subconjunto.

Es claro que el término ambiente en todas las definiciones presentadas (salvo en algunas de la RAE) hace referencia a lo que rodea, a algo externo, pero también a una condición que se genera a partir de las características de sus elementos y/o de lo que dentro de éste sucede, tal es el caso de la acepción tres, cuatro y cinco de la RAE.

Se observa también que ambiente es un término sistémico, al igual que ecosistema (concepto analizado en la unidad anterior) pues reconoce las interacciones entre los seres que lo habitan además de otras variables (sociales, económicas, culturales…) que también son componentes del mismo. En este sentido comienzo a creer que ambiente podría ser un concepto más amplio que el mismo término de ecosistema, sin embargo no hay que descartar la raíz οίκος (oikos) que refiere a hábitat y que un hábitat podría incluir no sólo lo físico, sino todo aquello que dimensiona la existencia humana (como lo menciona Moreno). Es evidente pues que tanto lo ambiental como lo ecosistémico hasta ahora refiere complejidad en tanto los elementos que entran en juego como los que pueden interactuar según lo que se analice.

Así como para definir con claridad la apertura hubo que analizar lo cerrado (como concepto), la palabra “entorno” es importante pues comúnmente se utiliza como sinónimo de ambiente.

“Entorno”

El prefijo “en” tiene un origen griego y significa dentro. Por su parte torno, del latín tornus y del griego τόρνος que significa  giro, vuelta. El DRAE proporciona 10 acepciones que en su mayoría hacen referencia máquinas o dispositivos giratorios, por ejemplo:

1. m. Máquina simple que consiste en un cilindro dispuesto para girar alrededor de su eje por la acción de palancas, cigüeñas o ruedas, y que ordinariamente actúa sobre la resistencia por medio de una cuerda que se va arrollando al cilindro.

2. m. Armazón giratoria compuesta de varios tableros verticales que concurren en un eje, y de un suelo y un techo circulares, la cual se ajusta al hueco de una pared y sirve para pasar objetos de una parte a otra, sin que se vean las personas que los dan o reciben, como en las clausuras, en las casas de expósitos y en los comedores.

3. m. Máquina que, por medio de una rueda, cigüeña, etc., hace que algo dé vueltas sobre sí mismo, como las que sirven para hilar, torcer seda, devanar, hacer obras de alfarería, etc.

4. m. Máquina para labrar en redondo piezas de madera, metal, hueso, etc.}}

La octava acepción es “Vuelta alrededor, movimiento circular o rodeo”, guarda relación con el resto al hacer referencia a un giro, a un recorrido circular (tal y como funcionan las máquinas).

Podría pensarse entonces que la palabra “entorno” podría referirse a lo que está dentro del círculo y quizá podría pensarse en que es dinámico pues tanto la maquinaria como la octava acepción hacen referencia al movimiento.

En el campo de las matemáticas y la topología, el entorno de un punto es un conjunto que contiene al punto en dónde uno puede separarse un poco del punto en cuestión sin abandonar el conjunto. La imagen muestra V como el entorno del punto y podría entonces inferirse que el entorno es lo que contiene y rodea, es decir lo que está dentro y tiene límites definidos.

Image

Malpartida hace un análisis del término entorno y refiere que el prefijo “en” significa entre, mientras que torno se liga a un significado de movimiento circular de lo que resulta la noción de  “alrededor de”. Este autor retoma a Pabón (1979) indicando que el término es de permanencia en esa situación y explica que “lo que rodea permanece en tanto se establece el vínculo, de manera que “es entorno” en tanto lo “es” para “algo o para alguien””.

Maturana señala que (1982) “entorno” es “todo lo que rodea a un organismo y que queda especificado como exterior a él por sus propias actividades”.

Entorno, para Luhmann (y desde una perspectiva sistémica), es ser “fuente inagotable de estimulación, de irritación, de perturbación, pero nunca, de manera causal directa, fuente de determinación” (Torres, 1999), pues un sistema se autodetermina por sí mismo y no únicamente gracias a la presión que el entorno ejerce en él.

Entorno por otro lado también ha sido entendido como ambiente, pues rodea a una persona o cosa e influye en su desarrollo. González y Sáenz definen entorno como aquello que rodea a un objeto de estudio. En el caso de los autores, su objeto de estudio es el hombre, y citan a Echeverría (1999) haciendo referencia a la estructura topológica del cuerpo humano la cual consiste en un interior, una frontera y un exterior.

Estos autores amplían su análisis proponiendo que una persona puede ampliar su entorno a través de implementos o objetos artificiales tal es el caso de un telescopio por ejemplo. Así llegan a definir entorno como todo aquello que entre en relación con el hombre y sus implementos. Estos planteamientos resultan muy interesantes si pensamos en que la tecnología amplía nuestros entornos.

“Aprendizaje”

No hay una definición única de aprendizaje. Suele darse al menos una desde cada campo disciplinar y desde cada corriente teórica. Además de los matices que el cruce de éstos pueda darle al término.

Beltrán (2002) afirma que hay cierto consenso en la definición aportada Kimble, donde aprendizaje se entiende como “un cambio más o menos permanente de con­ducta que se produce como resultado de la práctica” (1971). Pero esta definición no suele ser suficiente.

Para algunos autores, es posible entender el aprendizaje de tres formas:

  • el aprendizaje como adquisición de respuestas,
  • el aprendizaje como adquisición de conocimiento y
  • el aprendizaje como construcción de significado.

Me interesa aportar una primera definición de aprendizaje desde esta perspectiva:

El constructivismo es una corriente de la psicología educativa que descansa en la premisa de que el conocimiento no es una copia de la realidad, si no una construcción del propio sujeto que en la interacción con la realidad, aprende.

En el constructivismo social el aprendizaje es visto como un proceso social, que tiene lugar en un entorno cultural dado. Desde esta perspectiva el aprendizaje es asumido como una construcción social del conocimiento, que se da gracias a la interrelación de los actores involucrados en el proceso y de éstos con el ambiente.“El aprendizaje por lo tanto es un proceso de auto-organización, abierto a la información, en interacción constante con el ambiente y sometido a una continua reestructuración” (Hernández, s.f. ¶15).

Otra definición de aprendizaje que resulta interesante en el contexto actual es la dada desde la perspectiva del conectivismo en donde el aprendizaje es visto como una gran red que se va enriqueciendo y creciendo con la aparición de nuevos nodos de información. Los nodos se van conformando mediante personas, organizaciones, bibliotecas, libros, periódicos, bases de datos o cualquier otra fuente de información. Estas redes se van estructurando y están disponibles en ambientes o ecosistemas donde de forma continua es posible interactuar, adquirir, experimentar, crear y conectar nuevo conocimiento. De acuerdo con Hernández (s.f. ¶15), las redes de aprendizaje son estructuras mentales que se conectan y conforman modelos para comprender, asimilar y conocer tanto el mundo externo como el interno. Siemens sostiene que las redes son las estructuras del aprendizaje (2008).

“Competencia”

El término competencia tiene diferentes acepciones, aunque la misma palabra se origina en dos verbos diferentes: competir y competer o ser competente.

Etimológicamente “Competencia” deriva del latín competere. En español existen dos verbos: “competer” y “competir” que se diferencian entre sí a pesar de provenir del mismo verbo latino competere. Para Corominas (1998, citada por Alles, 2012), competencia es una palabra tomada del latín competere que significa ir una cosa al encuentro de otra, encontrarse, coincidir, ser adecuado, pertenecer , que a su vez deriva de petere, dirigirse a, pedir y tiene el mismo origen que competer, pertenecer, incumbir. Corominas (1998, en Alles, 2012) incluye como derivados de competir las palabras competente entendido como “adecuado, apto” y competencia.

Hyland (1994, citado en Tobón, 2005) sugiere que las competencias tuvieron su origen en la década de los 60, cuando nuevos procesos de organización en el trabajo comenzaron a implementarse. Por su parte, Mertens (2000) coincide al plantear que las competencias surgen en respuesta a la necesidad de promover el aprendizaje en las organizaciones, la movilidad laboral y la competitividad

En la década de los ochenta países como Inglaterra, Alemania y Estados Unidos impulsaron este enfoque para aumentar la eficiencia y la calidad en el sistema productivo con claras intenciones de tener empresas competitivas a nivel mundial (Tobón, 2005).

Se vuelve interesante cómo el término competencia también se relaciona o surge de la necesidad de ser competitivo desde una perspectiva económica y mercantil (¿?).

En los noventas, el enfoque de gestión del talento humano basado en competencias se consolida y da lugar a metodologías específicas para la selección, remuneración, promoción y evaluación de los recursos humanos. Este enfoque implica entre otros, que para la organización, los desempeños concretos del trabajador son más importantes que poseer conocimientos; los desempeños deben tener un alto grado de idoneidad puesto que se relacionan directamente con el nivel de competitividad de la empresa; por consiguiente los títulos o grados académicos no son tan importantes como el desempeño idóneo que tenga el trabajador.

Ante estos cambios, los sistemas de formación para el trabajo comenzaron a regirse y reforzar la formación de recursos humanos con parámetros de eficiencia y de eficacia. En este contexto de competitividad, se crea de forma paulatina una serie de parámetros con la intención de implementar procesos de formación para el trabajo que entre la década de los 80 y los 90 dan lugar al enfoque de las competencias laborales, que consiste en la identificación, normalización, formación y certificación de competencias (Tobón, 2005).

Así la educación superior también tuvo que responder a estos nuevos requerimientos nuevas metodologías para evaluar los aprendizajes y la calidad de la educación (Jurado, 2003, citado en Tobón, 2005) buscando por un lado, superar la memorización y la repetición sin sentido de datos aislados y por otro, privilegiar los procesos y habilidades cognitivas así como la resolución de problemas en contexto por parte de los estudiantes.

Se considera que Noam Chomsky fue el primero en usar el concepto de competencia en 1965 (Torrado, 1999, citado en Tobón, 2005), empleando el término de competencia lingüística para explicar la manera en que las personas se apropian del lenguaje y lo usan para comunicarse.

Para Chomsky (1970, citado en Tobón, 2005) los seres humanos pueden producir y comprender nuevas oraciones, así como rechazar otras debido a que no son correctas gramaticalmente. La acción de producir, comprender y rechazar estaría basada en la experiencia lingüística de la persona. Chomsky se opone a la visión empirista del lenguaje que supone que éste es una repetición memorística y propone la competencia lingüística “como una construcción a priori, que orienta el aprendizaje de la lengua y la actuación” (Tobón, 2005, p. 25). El aprendizaje de la lengua entendido como el conocimiento de las reglas gramaticales o principios que regulan el sistema lingüístico y la actuación, como “el uso real de la lengua en determinadas situaciones” (Bustamante, 2002, citado por Tobón, 2005).

En la competencia lingüística se pueden resaltar algunos aspectos directamente relacionados con algunas definiciones de competencias que ya se han presentadom, tal es el caso de “hacer” y “comprender”, así como “experiencia”: la oposición al mero aprendizaje memorístico y el “uso en situación” o contexto. Estas palabras, asociadas el concepto de competencia lingüística, dan origen y caracterizan lo que después se consideraría como todo un enfoque pedagógico, que resalta el desempeño en contexto sobre un aprendizaje desvinculado de la realidad.

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